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sábado, 31 de enero de 2015

* Cuento propio *



Bueno, antes que nada me disculpo a quienes me siguen por desaparecer del mapa, me he ido de viaje (aunque creo que está demás dar explicaciones, dado que pocos saben de la existencia de este pequeño blog, pero a informo que quiero mucho a mi minoría ♥).

Hoy no dejaré nada para descargar, en cambio, vengo a depositar un cuento de mi autoría. Una especia de pseudo-homenaje a un hombre echo de cubos y a una bella ciudad que fue añicos.
Sin más preámbulos:




                                                                 El toro gris.
Las manos se entrelazan, son listones cálidos y fríos, más que antes, más que nunca.
Los brazos férreos de un alguien se rompen, el abrazo perpetuo corrompe y se rompe. Meteoritos estrepitosos.
 Es algo nuevo, son extensiones de piel que se desgranan y se desenvuelven. Son liras en sus manos, es el aliento de toro tras su nuca, son  grandes escarabajos en su pubis, es papilla y miel seca en su boca, es piel de conejo en sus uñas, es el fin de un comienzo o el comienzo de un fin, es algo.
Córneas violetas, pupilas que se devoran el iris jacarandá y lo destroza, estampidas monocromáticas. Quiere dar un paso, pero no la dejan. El dedo gordo del pie tantea como un infante las partículas del aire, cuales figuras de plástico, amorfas, anónimas; las quiere conocer, las quiere andar, quiere metérselas en la boca, llenarlas de saliva hasta inundarlas, pero no recuerda cómo.
- Quiero jugar…
Ignora. Se anima a poner un pie sobre la tierra, casi llora, casi… Los cristales sabotean su carne hasta hacer moños carmesí de segunda, el óxido deja círculos anaranjados y putrefactos, sale un líquido amarillento que se impregna en su piel, la quema, siente el olor a carne y se le revuelve el estómago.  Algo filoso se hunde el en dedo más chiquito, lo deja pendiendo de un hilo, lo embiste un toro y cae en silencio el dedito gris.  
Abejas mueren en su garganta, se deja caer y busca el dedo con su boca desdibujada. Saborea la sal, el óxido, el cobre, todo se derrite en su lengua.  Cera caliente ambigua cae y un caballo galopando la desparrama.
Un Hércules le retuerce las muñecas. Añil el puño hace una sinfonía con sus huesos papiros, rojas las cuerdas entrelazan sus pestañas y se las arrancan una por una, difunto aquel que dirige la orquesta agónica. Les hace cosquillas con sus yemas microscópicas y hace piruetas correosas con sus cordeles sucios. El Hércules queda boca arriba, tambaleándose en su mugre, meciéndose como un tonto,  en la mugre de todos. 
Quiere ahuyentar a los cuervos pero tiene miedo de las palomas blancas. La mirada furtiva, oscura, se clava en esas pupilas dilatadas, el negro se rellena de negro, cenizas de laurel, oscuridad total y nada más.
Ahora las manos son dos y tantean el espacio oxidado, nuevamente experimenta el  dolor, tan nuevo para ella. Ciega, temerosa, curiosa. Las patas del Hércules, que aún lucha por incorporarse, le raspan los brazos.
Toca los cuernos del toro, acaricia su cabeza con total ingenuidad. En tanto él mastica su dedito gris,  tiene los ojos inyectados de sangre, se la lleva por delante,  sumergido en un bravío humano fuera de su compresión, atraviesa el concreto y la oscuridad, pateando la cabeza de un buey, las figuras humanas, dejando todo lo que significó ser un toro.
El foco se balanceaba de un lado a otro, pero ella no lo sabe.  Sus coletas rubias desalineadas, su vestido a cubos resquebrajado, una mano tocando la sangre de un de un niño que tuvo suerte (podía imaginar, o  tal vez no, lamentos metálicos femeninos) y otra mano tocando….
- Muñeca…
Siento mi muñeca, su puntiaguda nariz, su trajecito con su pequeño sombrero, los ojos exageradamente contorneados. La tomo y trato de ponerme de pie, como puedo. Extraño mis zapatos de charol, con ellos no me daba cuenta de cuán vil puede ser la tierra que uno pisa.
¡Muñeca, que afortunada eres al no sentir! Me duele… no debí moverme de donde estaba. Mi pequeño dedo, pobrecillo… Al menos tú los tienes a todos. O eso creo… Espero que papi no se moleste al verme incompleta.
¿Qué habrá ocurrido? ¿Qué eran esos ruidos? ¿Qué era ese dolor que visitó al mundo? Si tan sólo pudiera quitarme esta tonta venda… ¿Dónde estará papá?    
La pequeña abrazó su muñeca, en medio de escombros y cuerpos. Llora porque no sabe, pero no sabe que es feliz porque no sabe. No debe saber, todo es pesadilla, es pesadilla… No lo es. Se acomoda las coletas rubias sin soltar a su muñeca. Se quiere quitar la venda de sus ojos violáceos, pero algo la detiene…
- ¡Maya! ¡Maya!
- ¿Papá?
- ¡No, Maya!
Sus ojos se inundan de lágrimas, una sonrisa se dibuja en su rostro. Lastimado, cubierto de polvo, con la ropa rasgada, pero vivo, abraza a su pequeña en medio de la desolación y el aroma a muerte.
- Papá… papá…
- Hija, escúchame ¿Te has quitado la venda?
- No…
- ¿¡Estás diciendo la verdad!?
- Sí papá, es la verdad, lo juro…
Aliviado, con una mueca de satisfacción en su rostro, toma en brazos a su hija y la arropa sobre su pecho golpeado.
- Escúchame, Maya… Quiero que duermas ¿sí? Duerme… Sigue durmiendo, no te detengas en esta pesadilla, nada es real… Nada es real… Nada.
- ¿Dónde está mamá?
- Ahora no, hija mía, sigue soñando, que nada ha pasado aquí.

   La pequeña Marie duerme como se lo ordena su padre, ajena a la pesadilla pero dentro de ella, aún abraza a su muñeca. Él ve que le falta su pequeño dedo gris y quiere arrancarse los pocos cabellos negros que le quedan. Camina esquivando torsos y manos. Irónicamente ve un cuervo picoteando los ojos de su esposa y una paloma blanca que  observa el espectáculo mientras se come un laurel. Le lloran lágrimas grises, las bebe. Las hormigas caminan alrededor de lo acontecido, comen la carne de un arlequín. 


Ya no se oyen bombas caer, ya no hay nada. Sólo Marie, Maya, Muñeca, Padre, Pablo, la ciudad, el cuadro… y un toro gris 







Mi blog personal dónde encontrarás más escritos: http://imprudenteblues.blogspot.com.ar/
























Limadita Bukowski


jueves, 11 de diciembre de 2014

* Cuentos amerindios *

Si hay algo maravilloso dentro del mundo de la producción literaria son los cuentos de los amerindios. Pequeñas obras de artes de carácter anticanónico que no son tan apreciados y reconocidos como deberían serlo... aunque de ahí surge, en parte, el encanto natural de los mismos, su esencia oculta. 



Estas literaturas están marcadas por el borramiento, la inversión o subversión de los pares binarios opuestos y jerárquicos que caracterizan las visiones occidentales del mundo, como por ejemplo: bien vs mal, vida vs muerte, escritura vs oralidad. Tomando ese punto de partida, tenemos un tópico propio de dicha producción, la figura del "trickster", el llamado "payaso sagrado", está situado en el medio de los polos, no es ni bueno, ni malo, un ser que realiza acciones perversas, pero el producto de las mismas es satisfactorio. 



Las visiones del mundo (en el sentido de Lucien Goldmann) se expresan en lenguas que se prohibieron en el sistema de escuelas. Así, muchos de estos autores tienen que expresarse en lo que llaman el “idioma del enemigo”. Para poder decir visiones del mundo no europeas en ese idioma europeo es imprescindible realizar una operación: “reinventar el idioma del enemigo”. 



Uno de los pilares de esa “reinvención” es la subversión y reinterpretación del par binario occidental escritura versus oralidad. En las culturas europeas posteriores al Renacimiento, la escritura es siempre superior a la oralidad en estatus y valor (por eso se la pone como primer miembro del par binario). La mayoría de las culturas amerindias del Norte del continente son (el presente es importante) orales en su esencia y lo mismo sucede con muchas de Sudamérica: el conocimiento se pasa oralmente de generación en generación. La oralidad es más importante que la escritura y es la comunidad, no el individuo, la que queda en el centro: la ceremonia de transmisión, de “contar historias” es siempre grupal.



En estas literaturas, sobre la base de esa idea de lenguaje y esa idea de comunidad (ambas parte de un mundo holístico donde todo está conectado con todo), se producen modificaciones (“reinvenciones”) en el lenguaje. Por ejemplo, a nivel de los géneros literarios, los libros amerindios catalogados como “novelas” no son “novelas” en el sentido burgués del término –es decir, novelas en las que un individuo (hombre) lucha contra el destino, la naturaleza o los demás como en Robinson Crusoe--. Al contrario, suelen no tener protagonista y, tal como las define la crítica amerindia Paula Gunn Allen, no hacen diferencias entre “foco y fondo” --background and foreground- TODO ES FOCO














A continuación voy a dejar para rescatar un antología de cuentos amerindios, breves y PRECIOSOS, que recomiendo fervientemente leer y disfrutar.


Los títulos son los siguientes: 






Chinche, de Peter Blue Cloud.

La chinche de agua, de Peter Blue Cloud.

Después de Celilo, de Ed Edmo.

El zumbido de las estrellas y las abejas y las olas, de Anita Endrezze

Algodón alto, de Rayna Green. 

La inundación, de Joy Harjo.

Durmiendo en lluvia, de Gordon Henry.

La charla que hacen los árboles, de Geary Hobson.

Ella es hermosa en todo su ser, de Nathaniel Scott Momaday.

Dónde, ah, dónde, de Simon Ortiz. 

Suelto, de Simon Ortiz. 

La calle Shamrock, de Wilma Elizabeth McDaniels

La vuelta de un soñador del lugar, de Wilma Elizabeth McDaniels.

Secuelas, de W. R. Ramson.

Cómo llegué a ser reina, de Greg Sarris. 

Bailarina, de Vicki Sears.

Coyote tiene una casa llena en la mano, de Leslie Marmon Silko

Apariciones, de Anna Lee Walters









      Click en "Descargar" para descargar la "Antología de cuentos indios"



















Limadita Bukowski





















lunes, 18 de agosto de 2014

* Detente Sombra *

Cerramos la semana con Alejandra, abrimos la semana con Sor Juana








DETENTE SOMBRA

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía. 








¡OID MORTALES!











































































Limadita Bukowski



sábado, 16 de agosto de 2014

* La Verdad de esta Vieja Pared *

Abro las puertas de este blog a la inmortal Alejandra Pizarnik. 


























 LA VERDAD DE ESTA VIEJA PARED



que es frío que es verde que también se mueve
llama jadea grazna es halo es hielo
hilos vibran tiemblan
hilos
es verde estoy muriendo
es muro es mero muro es mudo mira muere
















¡OID MORTALES!









































































Limadita Bukowski

sábado, 9 de agosto de 2014

* Mariposa de Otoño *

Después de una semanita ardua y desesperante completamente normal y rutinaria, al fin tengo un tiempo para compartir la belleza de Neruda, un poema exquisito, quien lastimosamente, será acompañado por un par de fotografías de mi autoría



MARIPOSA DE OTOÑO

LA mariposa volotea

y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada, 

ahora se queda parada 

sobre una hoja que la mece.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Me decían: —No tienes nada.

Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja

llena de otoño el horizonte.

Y hasta de mi alma caen hojas.
Me decían: —No tienes nada.

No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas. 

El sol, ahora, 

convalece.
Todo se va en la vida, amigos.

Se va o perece.

Se va la mano que te induce. 

Se va o perece.

Se va la rosa que desates.

También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.

Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.

El sol, ahora, convalece.

Su lengua tibia me rodea.

También me dice: —Te parece.

La mariposa volotea,

revolotea,

y desaparece.



















¡OID MORTALES!






















































Limadita Bukowski.

viernes, 1 de agosto de 2014

* Elogio al Infierno de una Dama *


Empezamos con este humilde y desfachatado blog de una maldita vez. Hace mucho vengo meditando si tirarme el lance o no, bien, hoy es el día de empezar una pequeña historia de locuras, desvaríos mentales. 

Quiero abrir este blog como se debe, con un hermoso poema de Charles Bukowski, tan loable y áspero que me dan ganas de recitarlo en el banquito de una plaza.






ELOGIO AL INFIERNO DE UNA DAMA


Algunos perros que duermen a la noche 
deben soñar con huesos 

y yo recuerdo tus huesos 

en la carne 

o mejor 

en ese vestido verde oscuro 

y esos zapatos de taco alto 

negros y brillantes, 
siempre puteabas cuando 
estabas borracha, 
tu pelo se resbalaba de tu oreja 
querías explotar 
de lo que te atrapaba: 
recuerdos podridos de un 
pasado 
podrido, y 
al final 
escapaste 
muriendo, 
dejándome con el 
PRESENTE 
PODRIDO. 
hace 28 años 
que estás muerta 
y sin embargo te recuerdo 
mejor que a cualquiera 
de las otras 
fuiste la única 
que comprendió 
la futilidad del 
arreglo con la vida
las demás sólo estaban 
incómodas con 
segmentos triviales, 
criticaban 
absurdamente 
lo pequeñito: 
Jane, te 
asesinaron por saber
demasiado. 
vaya un trago 
por tus huesos 
con los que 
este viejo perro 
sueña
todavía.













¡OID MORTALES!




















































Limadita Bukowski